Sábado, 21 de noviembre de 2009
De izquierda a derecha: Francisco Portero Pérez, José Ramón Suárez Caballero, Pablo Antiñolo Bermúdez y Antonio Gómez de Amo.
Pocas satisfacciones igualan a la de compartir mesa y mental con unos jóvenes gastrónomos, titulados universitarios formados en el ámbito de la ingeniería y de la educación, que inician su andadura en el siempre sugerente mundo del maridaje gastronómico. Uno comprueba como el recambio generacional, además de necesario, es un ejercicio de dinámica ilusionante que nos mueve a asistir a eventos como éste más con la ilusión de quien apadrina una primera experiencia de este tipo, que como mero tutor de futuros críticos y comentaristas gastronómicos que hacen su primera incursión seria y documentada en el mundo del conocimiento gastronómico, como es el caso de Francisco Portero Pérez, Pablo Antiñolo Bermúdez, Antonio Gómez de Amo y José Ramón Suárez Caballero, que en todo momento mostraron su interés, no sólo para disfrutar del placer de la buena mesa, sino para tratar desde el rigor documentado la valoración de un vinos en su maridaje gastronómico.
Con José María Suárez Gallego en la sala de barricas de la Bodega Pago del Vicario.
El complejo de enoturismo de Pago del Vicario, en Ciudad Real, fue quien nos acogió en sus instalaciones de cuidado diseño arquitectónico, en un entorno respetuoso con el medio ambiente junto a los Ojos del Guadiana, y atendidos por un personal que nos dieron las explicaciones pertinentes y nos prepararon un menú degustación que colmó con creces nuestras expectativas. La experiencia fue tan positiva que ya está en marcha un segundo viaje a otra bodega para vivir una nueva experiencia formativa-gastronómica.
José María Suárez Gallego, Coordinador de la sección de Cultura de los Alimentos y Gastronomía de Instituto de Estudios Giennenses (CSIC), y secretario general de “Gasterea”, Asociación de comentaristas y críticos gastronómicos de Andalucía
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Menú degustado.
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Domingo, 20 de septiembre de 2009
De izquierda a derecha: La catedrática y vicedirectora del Instituto de Estudios Giennenses, Adela Tarifa Fernández; Manolo Rincón, presidente de la Asociación de comentaristas y críticos gastronómicos de Andalucía “Gasterea”, y director del portal fogonrural.es y José María Suárez Gallego, secretario de Gasterea, consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, y coordinador del Consejo consultivo de investigadores locales y cronistas oficiales de la Campiña Norte de Jaén, Prodecan, durante sus interveciones en la mesa redonda.
El presidente de Gastera y coordinador de fogonrural.es, Manolo Rincón, y el secretario general y consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, José María Suárez Gallego, participan en el I Encuentro Comarcal de Historiador@s Locales de la Campiña Norte de Jaén, con sendas ponencias sobre la gastronomía tradicional como argumento turístico, y la función de los investigadores locales en el Consejo Consultivo Comarcal de Prodecam (Asociación para el Desarrollo de la Campiña Norte) que aglutina a veinticinco de los noventa y siete municipios de esta provincia andaluza, respectivamente.
El acto será aperturado por el presidente de Prodecam Juan Balbín Garrido, alcalde de Cazalilla, y por Antonio Almazán Ojeda, alcalde de Guarromán, población anfitriona del encuentro.
En la mesa redonda que dará lugar a un posterior debate intervendrá también la catedrática, académica y vicedirectora del Instituto de Estudios Giennenses, Adela Tarifa Fernández, que hablará sobre el papel de la mujer en la Historia.
Tras las mesa redonda y el posterior debate quedará constuido el Consejo Consultivo de Investigadores Locales de Prodecam, del que formarán parte estos dos directivos de Gasterea para asesorar en cuantos temas gastronómicos les sean requeridos.
Díptico Encuentro (Versión pdf)
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Miércoles, 15 de julio de 2009
De izquierda a derecha los componentes del núcleo central de la directiva de “Gasterea”: Silverio Fernández Sáez (Tesorero), Manuel Rincón García (presidente), y José María Suárez Gallego (secretario general)
(Redacción) La asociación que agrupa a comentaristas, críticos y escritores gastronómicos de Andalucía “Gasterea”, constituida formalmente hace cuatro años, ha elegido en Úbeda (Jaén) recientemente a su nueva Junta Directiva, que a partir de ahora va a estar presidida por el sevillano Manuel Rincón García, quien durante casi una década ha sido el popular cocinero de Canal Sur, varias veces premiado como investigador y divulgador de la cocina andaluza, estando en la actualidad al frente, como director de contenidos y autor del proyecto, del portal digital www.fogonrural.es de la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA). Manolo Rincón, como se le conoce en el mundo de la comunicación gastronómica, es socio fundador de “Gasterea” y hasta ahora venía ocupando su vicepresidencia.
Al frente de la secretaria general ha sido ratificado por un nuevo periodo de cuatro años José María Suárez Gallego, cronista oficial de Guarromán, granadino de nacimiento afincado en Jaén, también socio fundador de “Gasterea”, escritor e investigador, consejero de número del Instituto de Estudios Giennenses, institución en la que ha promovido y coordina la Sección de Cultura de los Alimentos y Gastronomía; preside como maestre prior la prestigiosa Orden de la Cuchara de Palo, y la Academia de Gastronomía y Cultura Tradicional del Alto Guadalquivir, colaborando asiduamente con emisoras de la Cadena Ser y otros medios escritos.
De la tesorería de “Gasterea” se va a ocupar el corresponsal de diario Jaén en las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, Silverio Fernández Sáez, que ha dirigido también la emisora municipal Radio La Carolina, siendo corresponsal de la Agencia EFE en Jaén. Con él se incorpora al equipo directivo un fotógrafo especializado en temas gastronómicos.
El nuevo presidente de Gasterea, Manolo Rincón, ha expresado su deseo de trabajar decididamente junto a la nueva Junta Directiva para que la Asociación acoja a cuantos escritores, periodistas e investigadores escriban, opinen o hagan crítica en los medios de comunicación, sea cual sea su formato, sobre temas gastronómicos relacionados con Andalucía, desde el rigor informativo, la seriedad divulgativa y la calidad profesional.
"La actividad gastronomía, en todas sus facetas, –declaró la nueva Junta Directiva— representa hoy por hoy un potencial de desarrollo de la sociedad andaluza que no sólo hay que cuantificar en términos económicos y culturales, sino que hay que, literalmente, mimarla y potenciarla como una de nuestras señas de identidad más valoradas. La calidad como el primer exponente de una gastronomía de “excelencia” ofertable desde Andalucía es el objetivo que desde “Gasterea” pretendemos consolidar en todos cuantos nos dedicamos a comentar, criticar y escribir sobre este importante tema."
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Viernes, 29 de mayo de 2009


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Domingo, 22 de junio de 2008

José María Suárez Gallego
Secretario General de Gasterea
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(Publicado en la Revista Literaria La Tregua, mayo 2008)

Ilustración de Fabián Suárez Caballero
Hay quienes observando el vivir de cada día en esto que hemos dado en llamar la “sociedad occidental”, han puesto de manifiesto la querencia que se les tiene, en estos tiempos que corren, a las aglomeraciones humanas, cuando todos, en mayor o menor medida, a modo de terapia contra el miedo de percibirnos como seres incompletos, queremos, deseamos y pretendemos estar en el mismo sitio y a la misma hora, haciendo lo mismo. Todas las colmenas, antes de llegar a serlo, tuvieron una vocación primera de enjambre caótico. Nos resultaría muy difícil establecer la prelación entre qué fue antes si el juntos o el revueltos.
Que vivimos tiempos de crisis en la esfera de las íntimas soledades lo evidencia el auge actual de la gastronomía y su liturgia. Muy pocos seres humanos son capaces de preparar una mesa, con todas sus parafernalias, a sabiendas que van a comer solos. El estigma ancestral de los tres acontecimientos que nos distanciaron definitivamente de nuestros hermanastros los monos, sigue indeleble en nosotros: La habilidad de cocinar, la capacidad de hablar y la libertad de reírse. En torno al fuego se han hilvanado las entretelas de lo que somos como especie. Hasta tal punto, que al refugio en el que hemos depositamos las esencias de nuestra condición de seres sociales, le hemos dado el nombre del lugar en el que tradicionalmente se ha oficiado y custodiado el fuego comunal: El hogar. La sabiduría popular, al respecto, es contundente: Uno, es soledad; dos, son compañía; y tres... una multitud. La mucha gente ni para la guerra es buena.
En el entorno de la gastronomía una vez resuelto la condición de cualidad: el menú, subyace perdida y sin resolver la cantidad: los comensales. ¿Cuál es el número perfecto de quienes han de sentarse juntos a compartir mesa y mantel, el pan y la sal, la palabra y sus silencios, y el gesto y sus sombras. No es fácil dar una respuesta, aunque la más sorprendente que he oído lo ha sido en el entorno del Flamenco: "Deben estar los cabales". Que es lo mismo que dejar la pregunta sin contestar y sujeta a las circunstancias de cada momento: "Deben estar los que tienen que estar", es decir: los cabales, ni uno más, ni uno menos. Y no deja de sorprendernos que siendo justo el primer sinónimo de cabal, también lo sea excelente en su clase y en su genero. Por tanto, para el mundo del Flamenco, en una reunión, incluidas las que tienen motivo gastronómico, deben estar todos aquellos que como en el tradicional "Antón pirulero" tengan juego que hacer y que dar. Unos poniéndole voz al sentimiento del cante, otros bordando notas en la guitarra, otros jaleando al personal, y los más derrochando la armonía de sus silencios.
Esta misma pregunta se la hicieron tanto los hijos de la Roma Imperial como los griegos de la culta Atenas, movidos por la preocupación de llevar su esmerada perfección al arte de comer juntos pero no revueltos, y ellos, tanto unos como otros, llegaron a la conclusión de que el número óptimo era aquel que superaba el número de las Gracias, pero no pasaba el de las Musas. Recurrimos al mundo mágico de la Mitología, siempre excitante y sorprendente, para dar cumplida respuesta a nuestra pregunta. Las Gracias eran tres, Aglae, Eufrosina y Talía, hijas del propio Zeus, que personificaban la belleza, la armonía física y la espiritual. Es decir, leyendo entre líneas, que lo imprescindible para compartir viandas juntos, a tenor de los clásicos, es que haya armonía, tanto física como espiritual, que a la postre es el pilar donde descansa la belleza y el buen entendimiento. Las Musas, por su parte, eran nueve, también hijas del gran Zeus, y que representaban las artes liberales: Clío, presidía la Historia; Euterpe, la Música; Talía, del mismo nombre que una de las Gracias, presidía la Comedia; Melpómene, la Tragedia; Terpsícore, la Danza y la Poesía Lírica; Erato, la Poesía Erótica; Polimnia, el Arte Mímico; Uranía, la Astronomía, y Caliope, la Elocuencia. Es decir, como argumentan los flamencos: las cabales.
Los viejos mitos y el peculiar juego del número óptimo de comensales, vienen a poner de manifiesto los temas de conversación más propicios para acompañar una buena comida, en la que la política, la religión y el forofismo deportivo, desde siempre según podemos comprobar, han brillado por su ausencia, a pesar de las olimpiadas de entonces, las de la vieja Olimpia, la lucha greco-romana, las carreras de cuadrigas, los bravos gladiadores, las intrigas del Senado Romano, y el culebrón sentimental de los dioses del Olimpo. No ocurre así con el planeta taurino, que desde el lejano y antañón Minotauro, y aquellos acróbatas cretenses que saltaban sobre los cuernos del toro, parece estar tocado por la musa de las tres Gracias y la gracia de las nueve Musas, como corresponde a todo arte tenido por grande.
Esta misma cuestión fue contestada en las postrimerías del siglo XIX por el marqués de Valdeiglesias, director del periódico La Época, quien nos dejó escrita la siguiente receta para lograr una buena comida en todos sus aspectos: "Pocos platos, pero bien hechos, y pocas personas, pero bien avenidas. Convidados que paguen en ingenio la hospitalidad que reciben, porque a la gente no se le convida a comer para que esté callada. "
Vemos que no es fácil precisar si alrededor de una mesa suelen estar los que son, o si son todos los que están. Brillat Savarin, el padre de la literatura gastronómica moderna, al ver la luz su libro "Fisiología del gusto, o meditaciones de gastronomía trascendente; obra teórica, histórica y puesta al día, dedicada a los gastrónomos parisienses por un profesor, miembro de diversas sociedades literarias y científicas" (Paris, 1825) complicó más el tema al dotar a la Gastronomía, elevándola a la categoría de arte, una musa, la décima, a la que dio el sugerente nombre de Gasterea.
Federico García Lorca concluía su conferencia sobre la Teoría y juego del duende (Madrid, 1933) con estas palabras: “Señoras y señores: He levantado tres arcos y con mano torpe he puesto en ellos a la musa, al ángel y al duende. La musa permanece quieta; puede tener la túnica de pequeños pliegues o los ojos de vaca que miran en Pompeya a la narizota de cuatro caras con que su gran amigo Picasso la ha pintado. El ángel puede agitar cabellos de Antonello de Mesina, túnica de Lippi y violín de Massolino o de Rousseau. El duende... ¿Dónde está el duende? Por el arco vacío entra un aire mental que sopla con insistencia sobre las cabezas de los muertos, en busca de nuevos paisajes y acentos ignorados: un aire con olor de saliva de niño, de hierba machacada y velo de medusa que anuncia el constante bautizo de las cosas recién creadas.”
Sólo un plato recién creado en el juego del arte efímero que es la cocina puede hacernos soñar con el duende revoloteando entre los pucheros.
Federico es claro: La verdadera lucha siempre es con el duende.
Gasterea ha muerto. Tal vez nació muerta junto a sus hermanas las musas.
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